miércoles, 19 de agosto de 2015

La ingenuidad

Rihú, ya en casa, hablaba con su hermana Miupuy en el comedor:
- Mi, no te vas a creer lo que me ha pasado.
- ¿El qué? Respondió ella.
- Que he salvado hoy de ahogarse a un Warroir y a un SKlaor.
- Seguro que has ido a casa de esa Upumy otra vez por la costa. 
- Sí, ¿y qué pasa?
- ¿Que qué pasa?
Que sabes perfectamente que está prohibido nadar cerca de Goujjy. Le reprochó su hermana.
- Si nadie se ha enterado... ¿Qué puede pasar?
- Pues... si te ha visto algún Warroir la has liado, pero bien, hermanito.
- ¿Por qué? Solo por esa estúpida ley de costas que crearon los Warroir.
- Exactamente Rihú. No te enteras de nada.
Suspiró su hermana:
- Por si no lo sabes, esa ley estúpida, como tú dices, les permite matar a todo Nager que se acerque a zona en que un Warroir haga pié o a 10 pasos reales de la orilla. Dijo Miupuy, dando una voltereta con mucha gracia y saliendo del comedor por una de las ventanas.

Rihú se quedó solo, dubitativo, no podría creer que  fuera cierta esa ley. Ningún Rey Nager hubiera permitido un absurdo de semejante tamaño y locura. Él sabía que estaba prohibido para los Nager acercarse a la costa, pero no que los Warroir tuvieran ese derecho sobre sus vidas.

A la mañana siguiente su padre Qoqu le obligó a volver a casa de Upumy, dando el rodeo mayor posible, por todo el Mar del Sur, todo el Mar del Este, rodeando toda la península del este de Goujjy y atravesando todo el mar del norte hasta llegar a Fosa Central.

Una vez allí, tenía órdenes de pasar el resto del sole, teniendo que pedir la aleta de Upumy a su padre en lugar de a su madre y como castigo, soportar al padre de Upumy, sus burlas y su insoportable persona. Pape era su nombre, y por aquel entonces ninguno le caía bien al otro.

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